Estándar tácitu y señardá nacionalista en Llión
"Al idiolecto melancólico, sin significación alguna fuera del lúgubre soliloquio amoroso del afligido que rehúsa salir de sí mismo, corresponde la lengua nacionalista, lengua que posee un exceso de sentido y que no comunica nada que no sea la misma lengua y su eco en el viento errabundo del deseo. ¿Para qué sirve la lengua nacionalista sino para enseñar y difundir la lengua nacionalista negando a un tiempo, en obsesiva simetría, la lengua del otro? La autorreferencia usurpa en ella toda funcionalidad. Bucle metalingüístico, la lengua nacionalista se desdobla en lengua materna, edípica, y lengua mítica o lengua de utopía. Una remite a la otra sobre la ausencia de lengua referencial, de cultura y sentido, cuyo lugar se halla tomado por la lengua oficial, esto es, por la lengua del otro. Metáfora privilegiada de la patria, la lengua preserva el objeto perdido a recaudo de toda contingencia porque un pueblo puede extinguirse, pero una lengua no muere nunca. Una lengua (un código) está siempre ahí, a la mano, disponible para quien quiera usarla.”
Iñaki Viar y Jon Juaristi “Proezas melancólicas”, El País 19-X-1989.

Esbilla
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